El mundo se empeña
en buscarme los defectos.
De nada me ha servido
el amor o la compasión que he sentido.
No me encuentra digna en sus afectos.
Me busca, me rasca, me oprime
hasta sacar, de lo más oscuro
mis defectos.
Aunque la balanza de mi corazón
sea bella, soy un espejo.
Y lo que odias de mi, no es mío, ni lo merezco.
Es nuestro, porque sigo en pie
de un mundo ciego.
Encuéntrame pues los defectos.
Un amigo menos.
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