domingo, 23 de octubre de 2011

La bondad de los diamantes


Eso de saberme siempre ilusa
Fue al abismo del imperio
Su triunfo y su desembocadura…

Ahora las miradas marchitadas
Se regocijan en las pisadas
De la guerra nueva.

Que vergüenza…
Solía ahogar a mares  promesas.
Que ironía, pasándome la vida
Abrumada por su tontería.

El aire que me quemaba
Ahora me arrullaba…
Y me provocaba.

Me sonreía con malicia
Y  provocaba delicias,
Yo ahora era la que sostenía,
La que podía.

Mire atrás, lave mis manos sucias
Y seguí… me aferre a vivir.

Y ahora, la justicia que clamaba
Se resuelve en las ganas…
Una vaga idea de venganza…
Y El honor que me devolvía
El triunfo sobre la cobardía.

Me hacia mas dulce y prohibida.
Ya no podía fingir, la niña al fin
Terminaba.
Todas sus amenazas, de ser indeseada,
Los rechazos y lo despreciada, ya no estaba.
Más fuerte y violenta que nunca
Estaba yo.

Un grito ahogado
Y algo había despertado.

Seduce ahora que el honor y la pasión
Provoca que tu boca sea más roja y tu mirada más filosa.
Alivia la injusticia de saberte alguna vez tonta y rota.

Que el imperio que ha caído
Ahora es tuyo, que la conquista de la brisa y las flores
Del canto de la guerra y la victoria sobre los cobardes esta por ganarse.
No dudes que el destino ayuda a  la bondad de los diamantes.

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