Eso de saberme siempre ilusa
Fue al abismo del imperio
Su triunfo y su desembocadura…
Ahora las miradas marchitadas
Se regocijan en las pisadas
De la guerra nueva.
Que vergüenza…
Solía ahogar a mares promesas.
Que ironía, pasándome la vida
Abrumada por su tontería.
El aire que me quemaba
Ahora me arrullaba…
Y me provocaba.
Me sonreía con malicia
Y provocaba delicias,
Yo ahora era la que sostenía,
La que podía.
Mire atrás, lave mis manos sucias
Y seguí… me aferre a vivir.
Y ahora, la justicia que clamaba
Se resuelve en las ganas…
Una vaga idea de venganza…
Y El honor que me devolvía
El triunfo sobre la cobardía.
Me hacia mas dulce y prohibida.
Ya no podía fingir, la niña al fin
Terminaba.
Todas sus amenazas, de ser indeseada,
Los rechazos y lo despreciada, ya no estaba.
Más fuerte y violenta que nunca
Estaba yo.
Un grito ahogado
Y algo había despertado.
Seduce ahora que el honor y la pasión
Provoca que tu boca sea más roja y tu mirada más filosa.
Alivia la injusticia de saberte alguna vez tonta y rota.
Que el imperio que ha caído
Ahora es tuyo, que la conquista de la brisa y las flores
Del canto de la guerra y la victoria sobre los cobardes esta por ganarse.
No dudes que el destino ayuda a la bondad de los diamantes.
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